Amor de Cabaret
Antonio Mundaca
Antonio Mundaca estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Veracruzana. Ha sido becario de la Fundación Gabo y es miembro de la Red de Periodistas de A Pie. Es corresponsal de El Universal, colaborador de Gatopardo, cofundador y reportero de El MuroMx.
Obtuvo el Premio internacional de Excelencia periodística 2025 de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el Premio Nacional de Periodismo 2024 en la categoría de Crónica, la mención honorífica del Premio Nacional de Periodismo 2022 en la categoría de Reportaje y el Premio Estatal de Periodismo y Derechos Humanos de Oaxaca en 2017.
Las líneas narrativas de Alejandro Leyva en sus videocolumnas y artículos periodísticos son la clave de su asesinato, no puede ser de otra forma. Por eso la Fiscalía General de la República atrajo el caso ante un estado oaxaqueño rebasado por sus complicidades. Ahora habrá que ver qué saca el Gobierno federal de esos pantanos, si se atreve a pescar tiburones, si le da la gana hacer justicia.
Los delitos que denunció Alejandro Leyva de forma insistente durante tres años al menos, son DelitosFederales. Denuncias periodísticas que lo llevaron a recibir amenazas desde hace más de un año de forma constante, intimidación familiar y persecución judicial. Y ahora, después de asesinado, la criminalización de un aparato de gobierno que la misma noche que se reunió con periodistas para “calmar” sus preocupaciones, inició la propagación de mentiras contra Alejandro y su familia y amenazas contra otros colegas que también hacen una labor crítica.
Las posibles claves de su asesinato están en sus 40 videocolumnas y 120 trabajos periodísticos. Datos que no caben en la hipocresía de los comunicados de prensa oficial por infames y obvios: una red de huachicol ligada al crimen organizado y políticos en el Istmo de Tehuantepec con un ingreso mensual de 75 millones de pesos, otra extensa red de políticos en el poder ligados al despojo de tierras comunales para negocios inmobiliarios a costa de pueblos indígenas, el negocio millonario de sindicatos armados al servicio de políticos de Morena en la capital de Oaxaca, y así se extienden los temas que él documentó al infinito, como nadie más lo hizo durante tres años en Oaxaca.

En todos sus trabajos hay una constante: una “primavera” que no existe, porque se trata del invierno de un pacto social que inició hace 20 años en una revuelta, cuando los que nos dijeron que eran mejores, llegaron al poder para ser peores que los otros.
En los videoartículos de Alejandro Leyva no hay eufemismos. Es la Necromáquina expuesta sin simulación y que ofrece un paisaje integral del por qué en Oaxaca hay una violencia descontrolada, solapada y casi subterránea, pudriendo todo mientras los turistas llegan para ver lucecitas de Guelaguetza.
De lo que se trata ahora para la prensa oaxaqueña es el juego de los absolutos. Sobre todo cuando por décadas, ha creído que el deber del periodista es estar con los vencedores, cuando debimos a pesar del hambre, ser el puente ciudadano entre la dominación y la resistencia.


